{si algunas cosas no tienen sentido es porque tenía que hacerlo con una compleja lista de verbos y seguirlos al pie de la letra y no agregar ningún otro verbo}
El día estaba nublado y no se avistaba nada desde aquella habitación. Se venía una tormenta, una de esas que pasan llevando consigo una parte de tu vida. Me preguntaba el por qué de su retraso. Me picaban los brazos de los nervios y el ansia. Me prendí un cigarrillo, sintiendo que nada ocurría, sintiendo estar enjambrándome con miles de abejas. Me alborotaba pensar que él no venía. ¿Qué haría yo? Podría continuar, pero siempre recordando. No, no debía pensar así, aunque siempre fui un poco negativa. Nunca vi las cosas desde el lado bueno. Siempre corté mis sueños en la mejor parte, como cuando a un nene se le pincha el globo. En ese momento, recibí un mensaje de texto diciendo: Ya llego. Tenía mis esperanzas renovadas, cambió totalmente mi punto de vista al más positivo. Tenía el corazón fuera del cuerpo de los nervios. Vi mi reflejo, pensando por qué había madrugado. Fui hasta la entrada, y a cada paso me pinchaba más el corazón. Abrí la pesada puerta y se me cayó el celular de la mano. Él no era lo esperado, y de repente todo me pareció una pesadilla.
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